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Sociedad

¿Educación cristiana?

Última actualización: 02/10/2008 18:15
Maite García Romero
Maite García Romero
PorMaite García Romero
Escritora. Columnista de opinión en distintos periódicos digitales.
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El cardenal Rouco propone la «educación cristiana» para «eliminar las raíces del terrorismo»

V.V./EFE

El presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela, y sus obispos auxiliares ha emitido un comunicado en el que condenan los últimos atentados de ETA y proponen la «educación cristiana» y la «regeneración moral» como vía para «eliminar las raíces del terrorismo».

Monseñor Rouco, ¿por qué aprovecha usted estos últimos atentados de ETA para seguir arremetiendo contra la asignatura de la Educación por la Ciudadanía? Yo puedo entender que no esté a favor y que se agarre a un clavo ardiendo porque falta poco para que se ponga en marcha la mencionada asignatura, y ve que la sociedad pasa bastante del tema; y puedo entender que esté… ¿cómo le diría?…  inventando el miedo mediante la objeción de conciencia a la asignatura. Por supuesto, ¿cómo no lo voy a entender? Sé que todo cambio o apertura de ley, ha producido en el ámbito más conservador de la Iglesia y la sociedad, una inmediata crispación como estrategia en la lucha por el poder. Quiero pensar que es una postura heredada de un siglo y medio de guerras civiles con todo el fanatismo, intolerancia y afán destructivo que acarrearon y que han marcado el inconsciente colectivo de un gran sector del país. La dictadura represora del  régimen anterior, educó a dos generaciones en un «espíritu nacional» sectario y dogmático, basado en los más rancios tópicos antiliberales y antidemocráticos. Hoy vivimos en otra época, Monseñor. Estamos intentando entre todos conseguir una sociedad justa y demócrata en la que no haya cabida para la intolerancia; y en la que vayamos dejando atrás la perenne lucha que aún pulula en muchas mentes obcecadas entre el bien (las derechas) y el mal (las izquierdas). Aceptemos que el paso del tiempo conlleva un cambio en la sociedad y que ese cambio requiere, entre otras cosas, una materia didáctica que enseñe a respetar valores de libertad y fraternidad. La misma Iglesia, usted lo sabe bien, Monseñor, se ha visto obligada a ir rectificando con los años. Por poner algunos ejemplos: la última rectificación, que yo sepa, la notificó el Papa Ratzinger el 23 de abril de 2007, diciendo que el limbo no existe, y lo peor, que nunca existió: fue sólo una «hipótesis teológica», nunca una «verdad de fe definida». (Imagino cómo se hubiera sentido Galileo cuando la Iglesia lo rescató de la excomunión al aceptar que no era un apóstata, qué tenía razón. La Tierra era redonda. Pero, ¿quién le devolvió ya esos cuatrocientos años que estuvo condenado a ese ostracismo divino?). E igualmente los catecismos (aquellos catecismos de mala teología, que son dignos de crítica y que fueron los que nos (de)-formaron) fueron revisándose y adaptándose a cada época. El Nuevo Ripalda en la nueva España, de 1951, al que se le «enriqueció» con los siguientes apéndices entre otros: Exposición y refutación de los errores modernos. Deberes para con nuestra Patria. Doctrina de la Iglesia sobre el derecho de enseñar, dice en su prólogo: «Una experiencia tristísima nos ha hecho ver a todos con dolor los grandes estragos que los modernos errores han causado en el pueblo español. Por eso los Romanos Pontífices en sus Encíclicas y los Obispos en sus Pastorales, procuraron con tanto empeño exponerlos, refutarlos y condenarlos».

¿Podemos imaginar hoy día a un profesor con dicho catecismo abierto entre sus manos, examinando a un alumno?: P. ¿En qué consiste el sindicalismo? R. En la unión de las clases obreras para destruir la sociedad, repartir la propiedad privada y defender sus pretendidos derechos. P. ¿Debe ser laico el Estado? R. De ninguna manera; antes al contrario, debe profesar la Religión Católica, que es la única verdadera. P. ¿Qué pecado es el liberalismo? R. Pecado gravísimo contra la fe. P. ¿Qué enseña en este punto la doctrina católica? R. Que el Estado debe sujetarse a la Iglesia como el cuerpo al alma y lo temporal a lo eterno… etc, etc.

(En aquella época de nacional-catolicismo Pío XII ya había hablado de la «sana y legítima laicidad del Estado» como ideal de los tiempos modernos. En España, no fue escuchado ni por los católicos en general, ni por sus dirigentes).

El 25 de junio de 1992 se aprueba y publica El Catecismo de la Iglesia Católica, escrito en orden a la aplicación del Concilio Ecuménico Vaticano II. Años después, dos motivos aconsejaron la revisión de dicho Catecismo: por una parte, la publicación de la encíclica «Evangelium Vitae» (1995) que había arrojado nuevas luces sobre algunos argumentos ya tratados en el Catecismo; por otra, pastores, teólogos y fieles católicos de todo el mundo, al leer el texto, enviaron a Roma observaciones, que ayudaban a expresar mejor los contenidos de la fe cristiana. Por lo cual, se enmienda el nº 2266 que trata sobre la pena de muerte. A saber: «…la enseñanza tradicional de la Iglesia ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir la pena de muerte». (Y este punto, Monseñor, le puedo asegurar que supuso un grave problema para mi conciencia cristiana el día que lo leí). Ahora dice: «La pena finalmente, además de la defensa del orden público y la tutela de la seguridad de las personas, tiene una finalidad medicinal: en la medida de lo posible, debe contribuir a la enmienda del culpable». «Como es fácil de comprender la pena de muerte no tiene estas características expiatorias o «medicinales» que exige el Magisterio». Y así acaban el debate sobre la pena de muerte.

Otro punto a modificar fue el 2352 La masturbación. Solo que en este caso, donde decía, en el último párrafo: «… el estado de angustia y otros factores psíquicos o sociales que reducen, e incluso anulan la culpabilidad moral». Ahora dice: «pueden atenuar o tal vez reducir al mínimo la culpabilidad moral».

Por lo que se refiere a la homosexualidad (2358), personas de varios países pidieron una aclaración muy concreta. La redacción anterior podía dejar a entender que la homosexualidad puede ser una tendencia innata. Pero en rueda de prensa, el entonces cardenal Ratzinger explicó que la ciencia todavía no ha comprobado este aspecto. Y añaden a este punto una redacción (según ellos más ligera) en la que se habla de una tendencia «profundamente radicada», que pertenece al dominio del subconsciente. Es decir, que «no se trata de una opción, sino de algo que precede a la opción». En definitiva, que de este modo la Iglesia no se pronuncia sobre el origen de la homosexualidad.

Usted, Monseñor Rouco, propone ahora la «educación cristiana» y la «regeneración moral» como vía para eliminar las «raíces del terrorismo». Pero dígame, ¿a qué llama educación cristiana? Porque dada su postura intransigente me está dando la impresión de que pretende establecer de nuevo la conjunción político-religiosa que se llevó a cabo entonces en la que se condenaba la libertad de conciencia, y que por cierto, explica en buena parte las reacciones contra la religión que se han producido actualmente.

¿Sabe usted lo que yo desearía, Monseñor? Que mis nietos, el día de mañana, formen parte de una sociedad de hombres y mujeres que no marginen nunca a nadie por su tendencia sexual. Desearía que sean personas fuertes para desarrollar sus creencias y el pensamiento propio; que tengan una mayor capacidad de decidir y optar por lo que les parezcan beneficioso de la que yo tuve; que en vez de miedo tengan conocimiento; que sepan valorar el comportamiento pacífico respetando y conviviendo en armonía con personas de distintas culturas y credos; que puedan desarrollar una actitud crítica y que puedan expresarse sin miedo. Y sobre todo, desearía que en vez de temer a Dios lo amaran por encima de todo.

Esta es, Monseñor Rouco Varela, la «regeneración moral» que a mi me gustaría, como vía para «eliminar las raíces del terrorismo».

Maite García Romero

maite1370@gmail.com

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