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Opinión

La heroicidad de Erin Gruwell

Última actualización: 28/09/2008 22:44
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Las películas sobre profesores enfrentándose a aulas repletas de alumnos rebeldes han sido un tópico que no pasan de moda. Quizás la mítica «Rebelión en las aulas» dirigida por James Clavell y protagonizada por Sidney Portier haya sido un molde en la realización de este tipo de películas. También es cierto que la misma realidad a la que se enfrentan millares de profesores hoy en día, en vista de la situación por la que atraviesa el actual panorama educativo español, daría para hacer centenares de películas. Lo que la distingue a «Diarios de la calle» es que es una historia real, basada en la propia experiencia de la profesora Erin Gruwell a mediados de los años 90.

Para Erin Gruwell, empezar su primer trabajo como profesora era como entrar a una zona de guerra. Ella era blanca y veinteañera en una de las peores escuelas de secundaria de Long Beach. En su primer día de trabajo le asignaron el aula 203, una clase con estudiantes de los cuales no se esperaba ningún éxito, destinada al fracaso, y con la supuesta intención de retenerlos hasta que la desidia y el abandono fueran haciendo mella. Una clase dura, racialmente dividida e infestada de pandillas, donde las peleas y asesinatos formaban parte de las vivencias de los propios estudiantes. Algunos de ellos no tenían hogar, y muchos provenían de familias desestructuradas con violencia intrafamiliar.

La administración esperaba pocos resultados por parte de la novata profesora. Es más, preveían que pronto acabaría renunciando a su tarea docente. De forma contraria, Growell se lo tomó como un reto profesional impresionante, y buscó el modo de penetrar en las vidas de aquellos jóvenes que tenía en sus manos y transformarlas. Sabía que la programación de la asignatura que impartía, Lengua y Literatura, no la iba a ayudar a conseguirlo, por lo que transformó sus clases en enseñar sobre la paz y la tolerancia, y hacer que todos aquellos chicos y chicas que tenía ante sí fueran descubriendo lo más importante de sus vidas: que eran personas con una proyección de futuro que no debían desperdiciar.

Bajo la inspiración de las lecturas que la profesora les ofrecía, los estudiantes de Gruwell empezaron a escribir sus propios diarios donde narraban sus experiencias personales. Para muchos de ellos esa clase era el único lugar donde cualquiera quería escuchar sus historias y podía compartirlas. Poco a poco esa clase se fue convirtiendo como una familia, donde acordaron darse una nueva oportunidad para poder empezar una vida de nuevo. Ellos se llamaron a sí mismos «Los escritores de la Libertad», inspirados por las historias del original «Freedom Riders» quienes lucharon por la segregación y el prejuicio.

La joven profesora supo transmitir a sus alumnos que si ellos trabajaban juntos, podían conseguir cosas importantes. Al cabo del tiempo las historias narradas por este grupo de Escritores de la Libertad empezaron a viajar alrededor del país, recibieron premios y concertaron entrevistas en los medios de comunicación. Parecía algo increíble llegar hasta donde consiguieron hacerlo.

Reconozco que ver «Diarios de la calle» me impactó, provocándome una verdadera admiración hacia la protagonista de esta historia. Sin duda alguna, es todo un ejemplo de cómo hasta aquellos que parecen más perdidos son capaces de ser reconducidos a buen puerto cuando hay alguien que apuesta por ellos. Es verdad que cada uno somos hijos de nuestros padres, y producto de nuestra propia historia. Pero sobre todo, somos personas, y por ello nos merecemos la oportunidad de vivir como tales. También es cierto que, por desgracia, hay muchos que no llegan a buen puerto, porque les ha faltado alguien que haya puesto la suficiente confianza para ayudarles a navegar en sus propias vidas. Invertir en las personas… ¿qué mejor negocio?

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