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Cultura

Es como un muchachito con diarrea

Última actualización: 10/10/2009 09:40
carloslopezdzur
carloslopezdzur
Porcarloslopezdzur
Carlos López Dzur es un narrador, poeta y filósofo, nacido el 1 de septiembre y residente en Orange County, California, desde hace más de 30 años....
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Cuando vieron a Casimir Dudevant, mucha tijera que dieron, lenguas sueltas. Nativas de Nohant, mas trasladadas a París, son las supremas envidiosas. Cortan sus telas sobre la vida de ella. «¡Cómo cambió desde que la dejaste!» Y él sabe que mienten porque él no la dejó. Ella se fue, quizás él la dejó ir, aunque amaba sus ojos maravillosos. «Siempre fue tan ruda». Y Casimir se absorbe en el pensamiento de una campiña, una jineta y su caballo. Con su recuerdo la pervive ante sí. Ella está cabalgando, con ese cuerpo espigado de entonces (1.58 metros de estatura); no fue exactamente una marimacho. Y, siendo activa, enérgica, fue dulce y tranquila, porque leía durante largas horas, meditaba muchas más. Así la conoció cuando visitaba a su suegro, aristócrata como él, rico como él, «pero no era barón, usted sí que lo es». Es cierto: la madre de Aurora fue plebeya.

Ahora las mujeres explican que, por excentricidades de la modernidad, se le vio fumando unos puros. «De esos cuyo olor no se va y es tan fuerte». No está tan segura de que deba decirlo, quien tiene más vipirina lengua, pero se aproxima a Casimir, como si secreteara y, para que vea cuán sinceramente llora al confesarlo, mirada con mirada: «Pasé de compras por la rue des Rosiers; me detuve ante la vitrine d’une boulangerie, con ese olor a pan, les pains tressés du Shabbat y la ví. Vestida de muchacho, con cigarrillo en su labio y una copa en su mano, y dije ‘pobre Aurora’, ¿por qué demonios se da el trago, o peor, se viste así, cayendo bajo? Era ella, barón, como un muchachito malo». Otro día que, al fin vieron los niños del barón, para que él oyera noticias de llevanzas, las tijeretas se asomaron: «¡Qué bueno que el divorcio se concedió, al fin!» Afirman que la vieron en ropa de obrero «y ya son tres mozuelos mugrositos». Ella
mezcla tintas en un taller tipográfico. De su literatura, se dice que es prodigio del mal gusto. Por héroe de una novela, dispuso un obrero, y «se jacta de ser la madame de Sevigné de nuestros días».

A las cucharetas del infundio y la maledicencia, cuando se van, Casimir las mienta con el pensamiento «alcahuetas, entrometidas, envidiosas, mentirosas, si yo lo sé». Ella trabaja. Nada quiere de él como pensión. Aún ésto que se le cuenta, que ella huele a mierda, sabe exactamente por qué lo dicen, su verdadero por qué. Fue que, de paso por Venecia, les enfermó una diarrea, a ella y su amente Musset. «Y se la pasaron cagando blando y sufriendo, tres semanas por lo menos». Y una carta en que le citaron lo escrito desde París, lo dijo: un aveu que j’ai fait sur mon odeur…

Todo lo sabe él y, aunque nada les dice, se tortura masoquísticamente por oírles. No todas han de ser mentiras, contadas con ese malicioso formato de nervioso rubor. Ellas vienen de París, dizque que por amigas de la antigua pareja Dudevant-Dopin, y la llaman hetaira pasional, enamoradiza putezuela y decadente perdida. Y él las anima, con su silencio cómplice, a que digan más y sean más aviezas tijeras. Se excita con la continuidad de sus pasiones; pero más con cómo las exagera el corazón mediocre de la envidia.

Fue amante de un tal J. Sandeau, luego de Alfred de Musset y Prosper Merimée; quizás idilios intelectuales. «Es coqueta. Lo sé», medita. «Con Federico en Mallorca» procreó a su tercer hijo, «Chopincito, Casimir». Y le cuentan que se ha cambiado el nombre y firma George, que se le ha visto con el pintor Delacroix. Que habla de revolución y socialismo con P. Leroux. Que si patatín, que si patató. Que si es amiga de Hugo, Heine y Flaubert, «demasiado joven para que lo seduzca». «Conmigo era púdica», piensa Casimir.

Después que los rebeldes en1848, enfrentaron la reacción de junio en París, ella volvió a Nohant. «¿Vendrá por estar cerca de mí?» Ya las mujeres dejaron de chismear, no vienen. Sabrá él lo mucho que han mentido. Lo que Casimir quiera saber, vaya y haga el salto y véala. «¿Estará bonita y espigada como cuando se fue, porque sus ojos son maravillosos y no los olvido».

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Porcarloslopezdzur
Carlos López Dzur es un narrador, poeta y filósofo, nacido el 1 de septiembre y residente en Orange County, California, desde hace más de 30 años. Caribeño, con visión hostosiana y bolivariana, es candidato doctoral en Filosofía Contemporanea en la Universidad de California, Irvine. Cursó sus estudios de B.A. en Literatura Comparada e Historia Latinoamericana en la Universidad de Puerto Rico; obtuvo dos M. A. 'Summa Cum Laude' en Montana State y San Diego State University. También hizo estudios graduados en Filosofía Contemporánea, siendo discípulo de los filósofos Dr. Alfred Stern y la Dra. Martha Nussbaum. Su libro, El Hombre Extendido, fue laureado en el Certamen Literario Chicano de la Universidad de California, Irvine, en 1986. Anteriormente, fue premiado su libro de ensayos y poemas Cuaderno de Amor a Haití por el Liceo Iberoamericano de Cultura de Los Angeles; posteriormente, López Dzur ganó varios premios en las categorías de ensayo investigativo sobre temas cubanos y de poesía por textos de su libro inédito, Tantralia, reconocido por la Casa de la Cultura de Long Beach en 1996 y 1998. Fundó y dirigió en San Diego la revista multicultural Sequoyah, junto a los profesores César A. González, Dr. Juan Manuel Bernal Becerra y la Dra. Ivon Gordon-Vailakis. La revista se continúa en modelo virtual: Ver. Su primer libro fue Sarna de la ira parda (Editorial QeAser, 1980), cuentos; al que siguieron La casa (1988), poemas y dos ediciones de El Hombre Extendido. Publicó las novelas Simposio de Tlacuilos (Editorial Nuevo Espacio, New Jersey, 2000) y Las máscaras del tabú (Great Unpublished, South Carolina, 2001). Sus libros más importantes están inéditos en papel, pero se han compartido extensamente en sus bitácoras y en innumerables revistas electrónicas, incluyendo Desde El Límite, Tertulia de Mizar (Puerto Rico), El Perro Andaluz, Adamar (España), Bar de las Virtudes, Argos (México), Muestrario de Palabras, Letralia, Mondo de Kronhela (Argentina), Parnassus, y otras. Entre ellos, están Teth, mi serpiente, Tantralia, Heideggerianas, El libro de la guerra, Leyendas históricas y cuentos coloraos, Epoca de San Sebastián del Pepino, Canto al hermetismo, El ladrón bajo el abrigo, Memorias de la contracultura, Manual de filosofía para incrédulos y las novelas Para matar a los dioses, El pueblo en sombras, Diario de Simón GÁ¼eldres, Berkeley y yo y otros. Sobre su obra ha dicho el crítico y poeta Joserramón Meléndes: «Lo qe aya qe decir de Carlos A. López se dirá de su prosa. Sus cuentos retoman la altura de la mejor tradisión puertorriqueña qu conocimos asta Luis Rafael Sánchez». El antropólogo mexicano Luis F. Cariño Preciado, al reseñar su poemario La Casa (California), anotó: «Cuando uno viaja por las letra de López Dzur quisiera oirlas pronunciadas por él y de inmediato comentarlas. El manejo que hace del lenguaje es tan nuevo... nos tiene acostumbrados a un nuevo manejo del idioma, a una novedosa forma del lenguaje, gracias a la cual nos transporta a originales interpretaciones del todo y sus partes. Leer sus textos es someterse a una ráfaga de ideas y pasajes mentales contrarios a sí mismos y entre sí, pero consecuentes en la esencia». El 4 de abril del 2000, el laureado poeta puertorriqueño Vicente Rodríguez Nietszche comentó sobre la poesía de López Dzur: «Tus poemas están escritos con verdad y sustancia vitales que podemos llamar poesías». Carlos López administra y coordina una bitácora de información comunitaria, política y educativa, en el Condado de Orange, California: La Naranja
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