El actual régimen electoral también comenzó a dar sus primeros pasos de forma viciada. Las cuotas de poder, los diversos territorios parlamentarios se repartieron como si de una apetitosa herencia se tratara, una herencia pacientemente ansiada y que nunca llegaba, y de la que todos deseaban participar en algún grado. Se procuró que todos los que por entonces se jactaban de ser más demócratas que nadie, quedase fuera del reparto,…
La Ley de Reforma Política siguió los pasos previstos en las Leyes Fundamentales del Movimiento. Las Cortes del régimen franquista siguieron al pie de la letra el plan diseñado por Franco. La clase medida, la del «franquismo sociológico», acepaba el aparente “cambio de régimen” si a cambio se le garantizaban paz y seguridad. Quienes no han hecho un acto de desmemoria, recordarán que para la generalidad de los españoles la voluntad de Franco era la reinstauración de la monarquía, deseo varias veces repetido en su claro y conciso testamento político. Una Monarquía Parlamentaria, o «república coronada», cuya estabilidad respaldaban, además, los Estados Unidos de Norteamérica y del Club de Bilderberg- “los amos del mundo”- (La Conferencia Bilderberg es una conferencia anual a la que solo se puede acudir mediante invitación, cerca de 130 invitados. Entre los asistentes de Bilderberg se encuentran banqueros, expertos de defensa, dueños de la prensa y los medios de comunicación, ministros de gobierno, primeros ministros, realeza, financieros internacionales y líderes políticos de Europa y América)
¡Y un día llegó un tal Rodríguez Zapatero por accidente!

