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Que se mueran los feos

Última actualización: 28/11/2012 08:15
LuisMartinezPastor
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PorLuisMartinezPastor
Considerado a si mismo escritor por accidente, comienza su trayectoria literaria allá por el 1997 publicando "La dueña del paraíso" (Egido Editorial). Observador de la realidad...
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Que se mueran los feosQue se mueran los feos, decía aquella canción de los Sirex que todos conocemos y que de alguna forma expresa un difuso deseo encerrado en su letra por aquello de quitarnos de en medio a los que nos incomodan. Sin embargo, nada más lejos de la realidad; menuda semanita llevamos. Se nos muere la gente guapa.

Primero se fue Miliki, y a continuación también nos dejaron Toni Leblanc, Juan Carlos Calderón y otros muchos que, seguro, sin una notoriedad tan evidente, no han hecho por nosotros sino ayudarnos a sobrellevar a su manera los sinsabores de la vida con la herramienta poderosa de su arte, su cariño y sus sonrisas. Personas grandes han sido ellos, que han dedicado sus días a ese algo que se les daba bien, a hacer que la gente que estaba a su alrededor se sintiese durante unos instantes un poco más feliz, un poco más amiga de sus amigos y quizá algo más esperanzados.

Nunca olvidaremos a Cristobalito Gazmoño, entrañable personaje de Toni Leblanc, ni sus apariciones estelares en las distintas entregas de Torrente o en Cuéntame, ni tampoco las melodías de Juan Carlos Calderón que forman parte de nuestras vidas, o el famoso: ¿cómo están ustedes?, del entrañable Miliki, el último de los queridos payasos de nuestra niñez.

Pero la vida y las letras algunas canciones no son honestas; ellos no eran feos y sin embargo han desaparecido para siempre. Eran gante guapa, gente elegante y trabajadora, hombres dedicados a su público y a su elevado arte, que no era sino encender en todos nosotros una pizca bienestar que, aunque efímero, no deja de ser un soplo de esperanza.

Demostrado queda que no existe la justicia, ni en la tierra (aquí todo se compra y se vende) ni en el cielo (que no entiende estas cosas), porque la vida es de todo menos justa, y la muerte mucho menos lo es. Más de uno pensamos que sería mucho mejor y más práctico que se muriesen los feos de verdad, esos de ahí arriba que nos miran con desprecio e interés y nos someten cada día con sus decisiones partidistas y soberanas, esos  frente a quienes no podemos hacer nada, sino desearles ya lo peor. Esos hombres y mujeres que paradójicamente hemos elegido para estar donde están y que han construido un mundo a su medida sin contar con nosotros para otra cosa que para mantenerse en su Olimpo dorado e inalcanzable sin importarles ya nada ni nadie. Esos son lo que deberían marcharse para siempre; esos y no los que se ganan día a día nuestro cariño y nuestra admiración, tantos Milikis, tantos Tonis y tantos Calderones que vemos a nuestro alrededor que con su esfuerzo personal levantan quimeras desde la nada sin dejarse abatir y que vemos a diario trabajar sin tregua albergando, sin embargo, alguna  esperanza mientras tratan de sonreír y seguir adelante haciéndonos la vida más agradable.

Y es que la esperanza en ver tiempos mejores es lo último que morirá. Porque mientras haya vida habrá esperanza y eso, nadie tiene el derecho de arrebatárnoslo.

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PorLuisMartinezPastor
Considerado a si mismo escritor por accidente, comienza su trayectoria literaria allá por el 1997 publicando "La dueña del paraíso" (Egido Editorial). Observador de la realidad y crítico contumaz con cuanto le rodea, espera publicar en breve otra novela y un libro de cuentos.
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