Se reúne el jurado del premio de las Letras de la Fundación Príncipe de Asturias. Sabremos todos -ustedes, él y yo- quién se ha alzado con el título, la peana y la corona. Será, seguramente, un extranjero. O sea: alguien que no escriba en castellano ni en ningún otro idioma de Vandalia. Desde que en 1999 tuve el honor de incorporarme al jurado de ese premio, sólo lo ha obtenido, y fue de chamba, porque nadie quería que lo obtuviese, un escritor de lengua española: el augusto, pero diminuto, Monterrosso. ¡Caramba! No digo yo que nuestra literatura figure entre las mejores de la tierra, pero ya toca, ¿no? Legítima es la búsqueda de universalidad por parte de quienes organizan y financian estos premios, pero si lo han obtenido, en distinta y muy distante rúbrica, gentes como Fernando Alonso, Rafa Nadal o la selección de baloncesto, bien podría llevarse el galardón alguien, pongamos, como Juan Goytisolo. Universal, ciertamente, lo es ese escritor de rostro múltiple, infinitos géneros y reconocido coraje, que lleva más de medio siglo dando la cara, la pluma y el pecho en todos los frentes de la literatura, la reflexión crítica, el pensamiento, la cátedra, la polémica, el periodismo, la televisión, la política, la paz, la libertad, la fraternidad y los derechos humanos. De sobra sé que es hombre arisco, de carácter difícil, de probada independencia y de reacciones a menudo imprevisibles, lo que le granjea antipatías y suscita temores entre los bien pensantes, pero eso no es motivo para negar la evidencia -a mí me lo parece- de que nadie, hoy, en la nómina de la literatura española, y muy pocos en la del resto del mundo, merecen el título de príncipe de las letras, por muy republicano que Goytisolo sea, tanto como lo merece el escritor del que hablo. Y nadie, por cierto, caiga en la tentación de pensar que digo lo que digo en función de una amistad que en este caso, y bien que lo lamento, no existe. He visto a Juan cuatro veces en mi vida y en más de una ocasión, incluso, nos las hemos tenido tiesas. Pero justicia es lo que es de justicia, valga la perogrullada, y lo demás no importa. Goytisolo nació en el 31. Pronto será octogenario. El tiempo apremia, para él y para todos los miembros del jurado. ¿Persigue esta columna el propósito de ejercer sobre ellos algún tipo de presión? Por supuesto que sí, pero sólo ética y estética. El Lobo Feroz ha escrito hoy una epístola moral. Sospecho que no servirá de nada.
Un príncipe de las letras
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Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936). Hijo adoptivo de Soria desde 1992. Hombre de cultura y formación multidisciplinar. Se considera, con palabras de Baroja, hombre humilde y errante, escritor y viajero. Pretende ser un hombre sin etiquetas, que no tiene ni dios ni ley ni patria ni rey ni frontera ni bandera, que va a pecho descubierto y desnudo por el mundo.Su pensamiento político parte de un liberalismo heterodoxo y radical, construyéndose su propio sistema, entremezclando filosofía oriental, como el taoísmo o el hinduismo, con una defensa a ultranza de los derechos individuales, a la vida y a la propiedad privada. Antiestatista sedicente, en puridad puede ser considerado un anarquista individualista sui generis (anarquismo de mercado).
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