No daba crédito a lo que pasaba. Cambiaba todo menos él y se sentía superado por la vida, que lo había dejado petrificado como una piedra en el camino, que no se mueve pero a la que todos pisan. Su mundo ya no era el que sus ojos veían cada día, aquel en que podías confiar si las circunstancias venían mal dadas y donde un trabajo podía asegurar un porvenir estable. Ahora la realidad lo asombraba cuestionándole todas sus certezas y despojándolo de sus creencias. Sus valores ya no eran válidos para la época que había llegado, y se encontraba aturdido y perdido, incapaz no solo de comprender el nuevo rumbo de los acontecimientos, sino de aceptarlos. Se negaba a plegarse a lo que las actuales condiciones exigían y fue vencido por la evidencia: su plaza de funcionario había sido amortizada. No se lo podía creer.
Relato de incredulidad
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Diplomado en enfermería y licenciado en periodismo, es columnista de opinión y cuentista a partes iguales, colabora en diversos medios digitales, mantiene un blog de divagaciones erráticas (www.lienzodebabel.blogspot.com) y participa en una tertulia poética. Pero sobrevive gracias a su trabajo en un hospital. Afortunadamente.
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