Clonación humana

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No me gustan los funerales, pero son necesarios para honrar la memoria de los que se van. He ido a pocos; los que puedo evitar, los evito. Me invento mil escusas para no asistir y trato de no pensar demasiado en aquellas ceremonias mientras dura y yo no estoy allí. Me imagino que habrían muchas personas en ese lugar, expresando el cariño que sentían por aquel ser querido. Si hubieran pocas personas me preocuparía; y si no hubiese nadie iría, sin dudarlo. Pero creo que con o sin nuestra presencia poco podemos hacer por los que se van. Mejor honrarlos en vida, cuando podemos hacerlo. Después de la muerte solo queda su recuerdo en nuestra memoria, y un montón de interrogantes deambulando en el tiempo.

Clonación humanaSupongo que habrá gente que piense igual que yo. En caso contrario tampoco importa. Lo importante son ellos, los que se van. Pero creo que dentro de poco nuestra percepción sobre la muerte cambiará rotundamente. Me refiero a la clonación humana. ¿Qué ocurrirá cuando compartamos este mundo con las personas clonadas? Y ni qué decir de sus muertes y posteriores funerales. Da escalofríos pensarlo, lo sé. Me gustaría que la madre naturaleza haga lo que siempre ha hecho, sin intervención humana, pero siendo sincero, con los avances de la ciencia esto es irreversible.

Si ya de por sí las barreras morales están siendo demolidas por diversos motivos, no es disparatado pensar que en poco tiempo la clonación humana se hará realidad o, mejor dicho, que lo podamos ver y aceptar como algo normal. No nos engañemos, es muy posible que en algún lugar del mundo en estos momentos se estén clonando seres humanos en laboratorios o centros especializados. La ciencia no tiene límites y, por ende, la investigación tampoco. Los países cada vez son más competitivos. Asimismo las multinacionales de la medicina y farmacéutica, que seguramente habrán encontrado en la clonación la materia prima para hacer más y más dinero, pondrá a nuestra disposición los «beneficios» de la clonación humana. Desde luego a un precio que se corresponda con la relación oferta-demanda. Pero como casi todo se rige por las leyes de la mercadotecnia, nos ofrecerán el «cebo» exacto para aceptarlo sin titubeos morales. Pensemos en, por tomar un caso, el de clonar humanos para obtener órganos vitales para salvar vidas o clonar para mejorar la inmunidad contra las enfermedades congénitas y adquiridas. La mercadotecnia es demasiado hábil para que nos demos cuenta de sus estrategias. En el momento menos pensado sus objetivos forman y formarán parte del pensamiento común de la sociedad.

Clonación humanaY pensar que todo comenzó con aquella oveja escocesa llamada Dolly allá por 1996. Los humanos clonados, como Dolly, también expirarán e imagino que les harán los funerales respectivos. Sé que parece una historia de ciencia ficción pero cuando lo veamos, si es que lo vemos en vida, en un primer momento causará gran conmoción y posteriormente se aceptará, como se han aceptado otras barbaridades. Y la pregunta del millón es: «¿A quién o a quiénes clonaran?». Lo primero que se nos ocurriría es a aquellas personas que hicieron algo favorable en bien de la humanidad o promovieron su desarrollo, como los hombres y mujeres que contribuyeron a fomentar la paz en el mundo y a prominentes científicos. Bastaría solo mencionar dos ejemplos, entre muchísimos otros: La Madre Teresa de Calculta y Albert Einstein.

Pero si la clonación humana estuviera en manos de las empresas privadas, éstas podrían venderla a precio de mercado: «Clonación a tantos euros o dólares, al alcance de los que puedan pagarlo». Sería aberrante, desde luego, pero una vez resquebrajados los límites de lo que está bien y lo que está mal, no habrá quién detenga esta nueva forma de pensar. Y no faltarán tampoco intelectuales que se sumen a estas voces que defiendea la investigación y al libre mercado a toda costa. Aquellos que se rebelen contra el avance de la ciencia se le considerarán anticuados y, en el peor de los casos, ultrareligiosos.

Si ahora no me gustan los funerales, en el futuro no querré ni pensar en ellos.

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