¿Caridad sin Dios ? Imposible

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¨Si sabes que él es justo, reconoce que todo el que obra la justicia ha nacido de él¨( 1 Jn 3, 1 ).
¨Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo¨( Jn 13, 1 ).
¨Hijos míos, no amemos de palabra ni con la boca, sino con obras y según la verdad¨( 1 Jn 3, 18 )´
¨Y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado ¨( Rm 5, 5 ).
Dios, que es justo, reconoce que todo el que obra la justicia ha nacido de él. Y con su amor, nos dio a su Hijo amado, que nos amó y nos ama, a quienes le seguimos, hasta el extremo; pero lo hizo con obras. Su amor, por gracia del Espíritu Santo, fue derramado en nuestros corazones.
La caridad viene de Dios, la justicia también. No puede haber una caridad sin Dios. Es su verdad.
Vivir la caridad en la verdad – que es Cáritas in veritate – es comprender que la adhesión a los valores del cristianismo es indispensable para la construcción de una buena sociedad y un verdadero desarrollo humano integral. Por tanto, el anuncio de Cristo es el primero y principal factor de desarrollo, como lo afirmara Pablo VI, citado por Benedicto XVI, en su más reciente encíclica.
Afirma el actual Papa, que la doctrina social de la Iglesia es el anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad.
¨La caridad es el principio sobre el que gira la doctrina social de la Iglesia. Un principio que adquiere forma operativa en criterios orientadores de la acción moral: la justicia y el bien común¨( Benedicto XVI ).
La caridad es más que justicia. Atiende a la gratuidad, a la solidaridad, dando al prójimo lo que es mío sin dejar de atender la justicia, lo justo, en ese dar. La caridad debe ejercerse en la verdad, individual y por todos, principalmente, por quienes tienen más que dar y en momentos de graves dificultades que vive el mundo en vías de globalización. Se quiere que ésta tenga un rostro más humano. Es el desiderátum.

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