Cultura

Conversación en el Monte Ararat

Durante la llamada Peregrinación / o ritual de Hajj, celebración del «Eid al-Adna», un matrimonio estadounidense se infiltró. Buscaba pleitos. No fue con corazón de aprendiz. Encarnaba la pasión islamofóbica. El marido es un suizo emputado porque los musulmanes se están quedando con Europa y él es nacionalista. «Eurocéntrico, etnocentrista, o como quiera que lo definan». Tan nacionalista y eurocéntrico, alguno dudará que lo sea porque se casó con Dorothy. Esta es la activista, judía newyorkina, pro-sionista, cuya familia está pudrida en dólares. Se casó viejola, pero con varios doctorados. El suizo vive de ella. La sodomiza porque ‘por ahí’ es que les gusta.

Ella es una humanista con colmillos. Tiene una cátedra universitaria y maneja redes de grupos feministas, coaliciones culturales de las más diversas índoles, gentes que cantan muy claro el proyecto: «Ni en Norteamérica ni en Europa queremos los nuevos califatos, burqas ni turbantes». Está contra la influencia de los mahometanos. Contra la mutilación genital de las mujeres. Contra la poligamia. Contra el maltrato de las féminas. Contra la pedofilia. Contra el Islam y todo lo que huela a orientalismo. Contra la persecución de los Gays, Lesbians y Queer people. Es un estuche de monerías.

En este día sagrado en que tres millones de moros en el mundo, tres millones como mínimo, peregrinan a La Meca y con el Eid-ul-Adha rememoran las comunes raíces abrahámicas de las tres principales religiones del mundo, en esta reunión de árabes que, al menos, una vez en sus vidas, se citan en La Meca y distribuyen alimentos entre los desafortunados, este dúo se metió para sembrar cizaña. Y no se dio cuenta el muchacho con quien se estuvo metiendo

Una pareja temeraria, recauda-pleitos. Una furiosa urraca, quien no entiende los símbolos, ni los judeocristianos ni los que ofreciera Mahoma, cuando se codificara: Que Ibrahim sacrificaría, con voluntad tenaz, a su hijo Ismael al llamado de Allah, que así lo pide. Es la misma obediencia de Abraham en el Monte Moriah. El, otro patán, adorador de mitos vikingos, ex-neo-Nazi. Facho peludo, con el tolete que a la gringa bisexual le gusta por el ano. Son dos tal-para-cual.

«La gente en Norteamérica vacila, se espanta ante el hecho de que su Dios puede que les pida un hijo para su gloria. A sus ejércitos, a sus huestes pentagonales, a la Patria, estas familias entregan sus hijos sin chistar. Que los maten, o instruyan para obedecer y matar, sí, pero que a cambio obtengan medallas, préstamos, privilegios, beneficios de veteranos, cash y una bandera. A Dios no le sacrifican nada que sea de la dignidad misma de la vida. No saben, digo yo, lo que signfican las ofrendas de holocausto espiritual», WOW musitó Dorothy y se han topado como un musulmán fervoroso. Es quien se expresa de ese modo. Lo vieron que besana la tierra de La Meca y, según se inclinaba en rodillas para cumplir con el beso, la pareja observadora se tentaba con el deseo de darle una patada por el culo. Y fue Dorothy la que se surtió de mañas para hacerlo. Tiene el corazón muy ponzoñoso e hipócrita. Fingió que sacudía su zapato para alzar el talón
y golpear las nalgas del árabe que rezaba. Distraído por la patada, él la descubrió a sus espaldas, haciéndose la desentendida, pero, sin mirarlo a la cara. Lo hizo con el rabillo siniestro de sus ojos.

«¡Ay, qué apenada me siento! ¿Le azoté la costilla, es eso?» El árabe piensa: «No se haga la pendeja. Dio un talonazo en mi culo». Mas dominó los ímpetus, como si un ángel fuese su anîs / amigo íntimo / y ante una mujer quisiera ser luminoso como el Azhar y cumplir un decreto de Ashraf, muy honorable.

«Por andar distraída fue, por no pensar ni fijarme, por el dolorcillo que me produjo un pedruzco, metido en mi zapato… ¡Ay, qué apenada me siento!»

El hizo una reverencia. Era un joven, educado en Inglaterra. Arabe rico, auténticamente religioso. A la mujer le dio, finalmente, el margen de la duda. Mas siguió con la sospecha que había insinceridad en el corazón de quien utilizara su talón para golpear fuertemente su culo. Y, testigo mudo de este incidente que pasó inadvertido, estuvo el cómplice que ella presentó como su esposo. Un suizo enorme, barbado, con ojos azules que parecían de cobalto. Un fulanazo ceñudo, rollizo de piel rojiza, ante el cual el joven se vio mucho más flaco, endeble, que lo que realmente era. Habría preferido que él dijera algunas frases como atenuantes o cortesías, como son: «¿Qué hiciste, mujer? ¡Ten más cuidado! ¡fíjate donde pisas! ¿Por qué te quitaste el zapato y estás a pie pelado!» Mas el silencio fue provocador, odioso…

Se puso en pie. Y Dorothy vio que el árabe era joven y espigado. Tenía un rostro amable y lampiño de muchacho. Le preguntó su nombre y lo convidó, porque somos turistas norteamericanos, a que pasaran a una cafetería cercana, El Monte Ararat, que se llena de contínuo de puros turistas extranjeros, ingleses y canadienses, sobre todo. «Descansemos un poco. El sol me ha sofocado», dijo la mujer. Se abanicaba los senos.

En el camino hacia la cafetería, donde Dorothy había dejado un grupo de amigas de sus redes de activismo social y altruísmo, fue que él dijo: «Mi nombre es Afîl Ahmad». A su llegada, Dorothy hizo señales a sus amigas para que enciendan grabadoras y hagan discretas fotos. Es curioso. Este incidente no estaba planeado en grupo. Mas la mente de Dorothy fue avieza. Improvisó las bonituras, casi sin palabras. Sentó al árabe delante de su esposo y ordenarom el café y los panecillos. «Lo haré hablar, eh!» Es un aviso en clave a sus compinches del gremio feminoide. Y espera que ésta sea una divertida bonitura (así llama a sus provocacionas )y que las gringas de su camada vean por qué es bueno el turismo intercultural y su didáctica. Aquí, pensó para sus adentros, «oigan cómo doy cátedra a estos árabes asquerosos».

«Supongo que el nombre que me dijo no tiene traducción al inglés, que percibo que lo habla usted perfectamente. Como un británico».

«Mi nombre es compuesto y tiene traducción. Afîl significa Casto, no necesariamente ‘modesto’. Ahmad significa adorador fervoroso».

«Interesante, interesante».

El suizo no quiso decir su nombre. De sus labios apuró, con ironía, que el suyo implicaría nobleza. «Nobleza blanca». Y, ante lo dicho, Alfl aprovechó para explicar que Alâ significa exactamente eso, nobleza y que a él le habría gustado llamarse Alâ’al.dîn. Sí; como el Aladino de la Lámpara maravillosa. «Aladdino significa la nobleza de la fe». Ah, chi jí chi já. «¡Qué interesante!», reitera Dorothy, quien desconocía esos hechos porque jamás leyó el Corán y sólo sabe estadísticas que recogen los ‘pundits’ de la politología. Tanques de pensamiento. «Por algo, para aprender un poquito más, hago estos viajes». Turismo cultural.

Ni modo que digan que son provocadores profesionales. Acusadores han surgido en New York que se lo espetan. Donde quiera que haya una reyerta, un incendio, un corre-corre, a ese par se les puede ver después de su discreta grabación en vídeo. A esta parejita de cómplices le encanta suministrar imágenes confirmadoras de la pésima seguridad que es el turismo en Medio Oriente. Vaya usted a saber, pero, odian a Jordania, a los paquistaníes, casi siempre es gente de piel oscura. Su herramienta principal de trabajo es el descrédito y Dorothy, al utilizar sus credenciales de PhD en truhanerías, pasa la información que recauda, con hartas fotos y grabaciones ilícitas al Centro Internacional de Investigación Sobre Mujeres, organismo que calcula que, actualmente, hay 51 millones de niñas desposadas que viven en países musulmanes.

Hecho es éste que Dorothy dice que le da tristeza, precisamente porque son niñas hasta prepúberes y a veces casadas con adultos, o viejos cascarrabias que las golpean. Dice que el 29% de esas criaturitas, ya casadas, están en Egipto y sus esposos las maltratan. «Un 26% sufren un abuso similar en Jordania».

«No me sorprende, en realidad. Lo interesante es descubrir qué exactamente se ha medido con la estadística y, sucesivamente, cuál es el uso que se le dará… El maltrato infantil, en casi todo el mundo, es similar», comenzó a decir el jovenzuelo. Ese carilampiño que va camino al doctorado en Sociología, aunque no ha cumplido aún los 25 años, apuntó lo siguiente: «Usted lo debe saber mejor que yo. Más de 3 millones de casos de maltrato infantil se informan cada año en los Estados Unidos. Las estadísticas que conocí son del 2007. Unos 5.8 millones de niños estaban involucrados en 3.2 millones de reportes de maltrato infantil en los EE.UU. ese año. En los países de Oriente Medio, se desposa a una niña. Esto sucede y la costumbre perdura. Se desposa a una niña, sin el consentimiento de ella, pero no significa que la niña se la han ofrecido a cualquiera. Se concede a quien pueda cuidarla y tenga medios suficientes para darle una vida de
seguridad, protección y alimento… Yo estoy casado de ese modo. Estoy casado desde la edad de 18 años y mi esposa tenía sólo diez cuando mi boda se realizó. No. No se me dijo que vaya y la ultraje cuando sólo tuvo diez. Que me surta con ella mi Luna de Miel. Mi esposa es aún vírgen y tiene 16 años en la actualidad. Cuando yo termine mi doctorado en Londres, iré a su cama. Será mi mujer entonces. Desde que ella tuvo diez, come y duerme en la casa de mis padres. Se víste, se educa, se divierte con la herencia que mis padres han separado para mí. Como usted verá, yo soy parte de esa estadística de las 51 millones de niñas casadas. Lo que le puedo asegurar es que yo no soy un golpeador ni un pedófilo. No soy parte de esa cifra del 26 por ciento que usted mencionara… Me pregunto, ¿en qué país la situación para una niña o un varoncito es peor?»

«Cuando estudiaba el caso de los EE.UU., supe que casi cinco niños americanos mueren diariamente como resultado del maltrato. Tres en cada cuatro de esos niños son menores de la edad de 4 años… Y me pregunto: por qué son tan acusadores los estadounidenses, tan inclinados a mirar la paja en el ojo ajeno y no la biga en el suyo, si ellos mismos calculan que entre el 60 al 85% de las muertes debidas al maltrato no son siquiera anotadas como tales en los certificados de defunción. Ocultan el crimen con hipocresía, mientras apuntan con el dedo al Medio Oriente… Un país, donde existe el informe de que se comete un maltrato a una niña o un niño cada diez segundos, no tiene facultad moral para decir que el árabe es el más criminal y su Profeta Mahoma es el culpable, porque a la muerte de su anciana esposa Khadijah se inventó la pedofilia y atrajo a su lecho a once esposas y otras muchas concubinas… Okay, hablamos de fechas tan antiguas como
619 dJC… En la familia estadounidense, hay mucho ultraje sexual y pedofilia. El 68% de los niños maltratados y agredidos sexualmente lo fue por miembros de su familia y ésto cualquiera sea el nivel socioeconómico y la religión; sea pobre o rico, educado o cuasi-analfabeto, sea negro o sea blanco, caucásico, con ojos azules o mediterráneos… ¿Habrá país que tenga que separar de su presupuesto de gastos $104 billones de dólares como costo anual resultante de su crisis de maltrato y negligencia infantil, los trastornos sicológicos que sufren cuando ya son adultos, el ciclo de repetición de esa violencia, la propensión a las drogas y antidepresivos en que caen, por haber sido agredidos durante su niñez y educados con sentimientos de culpa y vergüenza?… Dígame: ¿cuántos niños tiene su país en cárceles, o en pandillas, o matándose entre ellos en las calles? O tratados como adultos porque no hay misericordia para ellos».

«Usted sabe, desde que mi esposa menstruó en mi casa, siendo niña, tiene el anhelo de que yo esté con ella, me lo ha pedido; yo le escribo con devoción y ternura; pero, espiritualmente, yo sé que no tengo el derecho todavía a poseerla, o serle el macho… porque yo creo en el ritual de Eid al-Adna. Es lo que celebramos hoy, ¿lo entiende?»

«Cuando Mahoma dijo que Allah pidió a Ibrihim el sacrifio de su hijo, así como a Abraham se le pidió a Isaak, en holocausto, Allah aún me pide la ofrenda. Esa ofrenda es espiritual, En mi caso es que yo respete al hijo de la alegría y le ofrezca su tiempo y lo crezca en la posteridad para Allah. El hijo que yo doy a Allah es ella, mi niña-esposa, educándola en santidad hasta que tengamos sexo. Por de pronto, mi ofrenda es mi castidad. Ese es mi Ismael interior. En consecuencia, yo me amarro el deseo, me contengo para que aún el mismo amor de mi carne, sea delicia espiritual. Es Allah quien pide a la doncella, a la vírgen para Su Delicia… ¿Dirá usted que el árabe es perverso, o más pedófilo que el varón de su país? ¿Ha pensado cuidadosamente en tal cosa? Las familias educadas en mi país acceden a que sus hijas se casen bien; las ayudan a elegir un esposo».

En Norteamérica, en promedio, hay niñas entrando a la prostitución entre las edades de 13 y 14. A veces lo hacen voluntariamente, a veces por necesidad ocasionada por la adicción a drogas. Ha leído sobre tales casos: más de 13,000 adolescentes, entregándose al sexo por drogas o dinero y es triste. Son niñas o niños en séptimo, octavo, noveno grado, quiemes no completarán los cursos de un diploma de secundaria… Son más de 650,000 niños / niñas / intercambiando sexo por dinero, en país que habla sobre la excelencia de los valores morales occidentales, mientras publicita exageradamente la depravación de la cultura islámica y la lujuria sarracena…

Dorothy tiene la cara tiesa. Tal parece que una ametralladora le ha perforado el cuerpo de pies a cabeza. No callará a Afîl, el Casto… y pensar que urdió esta encerrona en Monte Arafat’s para descabezarlo y coméselo en escabeche. Creyó que estaría en ventaja sobre el muchachuelo. «Usted ni siquiera ha estado en los EE.UU.», se reprocha. Y, por identificar a un sujeto que sea chivo expiatorio, encuentra a la etnia afroamericana. «En Norteamérica, amigo musulmán, hay dos grupos, propulsores de ese tipo de violencia y lujuria: el de los negros mandingos y el de los machos hispanos». Latin lover stereotype.

El estudiante clarifica que, cuando los niños experimentan abandono y violencia en su infancia, ausencia de figuras de autoridad y sufren menosprecio intrafamiliar, ses cuando están más propensos a riesgos, independientemente de cual sea su raza o cultura. Esos niños son 59% más proclives a sufrir arrestos en la adolescencia, 28% más propensos al arresto al adultecer y, probablemente, 30% más tentados a la onducta delictiva y comisión de crímenes violentos. «Sí. He estudiado casos de hombres negros, con una historia de maltrato infantil. Entre ellos, hay mayor inclinación a intimar con prostitutas que el mismo hispano y el hombre blanco».

Dorothy acusó a los afroamericanos de ser chulos de putas por excelencia. Dios las cría y ellas se juntan. Cuando se estudia a las prostitutas, el mismo patrón se observa. Más cómoda defendiendo a las mujeres de la misoginia, Dorothy arguye: El 57% de las prostitutas ha sufrido violencia en la niñez. El promedio, en sus vidas, ha sido tres victimarios diferentes, desgraciando sus emociones. El 49% de las prostitutas, utilizadas para elaborar estudios concretos de epidemiología, admiten que la violencia machista contra ellas se inició cuando ellas eran niñas. «Eso me da la razón. Esto ya habla sobre la relatividad de su queja contra el varón del mundo árabe que desposa a niñas. Claro, no todo el que toma por esposa a una niñita en el mundo árabe es para darse el lujo de ser el golpeador o quien la induzca a placeres pedófilos, aprovechándose de la delicadeza y belleza de sus cuerpos femeninos. Cuando una niña se reconoce casada, sabe
que estará más protegida. Tiene la autoridad protectiva de sus padres, su nueva familia con el esposo, se siente más segura ante los extraños… Afirma un sentido de pertenencia y comunidad… En Londres fue donde descubrí que el mundo occidental y, especialmente, Norteamérica es más perverso y la niñez está menos protegida y más ansiosa».

«Tenía usted que ser árabe. Lo dice porque le gustaría que se despenalizara la prostitución y la pedofilia».

«¿Quién dijo? No, Por supuesto que no».

«Entonces, no es un buen musulmán. Se supone que siga el ejemplo de Mahoma, quien se casó con una niña de seis años, ¿no es cierto? ¿Y no dijo que se casó usted con una de diez cuando tenía usted 18 años de edad?»

«Pero le dije… un compromiso matrimonial no es correr a encimarse sobre el cuerpecillo delicado de una niña. Es un compromiso con protección a quien será tu amada. Es separar anticipadamente tu pareja… ¿Crees que Mahoma, quien hablaba con los ángeles, sería tan cruel de desflorar a una niña de seis años? Eso lo hace el varón impío de hoy. cuyos valores de comportamiento no son espirituales, sino basados en la masculinalidad hostil y el dominio sexual y sicológico con resentimiento a la mujer… El árabe piensa que la mujer es linda y que desde pequeña es hermosa. Se debe separar desde niña y cuidar. Te casas con ella para que sepan otros hombres que la honra de esa niña está asociada al que es su marido y nadie debe tocarla o faltarle el respeto, sin atenerse a consecuencias muy graves. No se le educa para que pase de mano en mano, como en Norteamérica que cambias de esposa, por divorcio, y ye casas 4, 6 o más veces».

En Occidente, cuando hay pobreza, la misma familia empuja a las niñitas a la prostitución. Hace apenas diez años leyó, hoy son muchos más los casos, que en Colombia habría más de 35,000 niñas practicando la prostitución… «En su país, señora Dorothy, el reclutamiento de niñas para la prostitución comienza a la edad de 12 años… No creo que haya un país que haga más inversión y malgasto de dinero en la pornografía infantil que el suyo. No creo que haya país que disfrace la prostitición tanto como su país: escort services, massage parlors, clubes de playboys, negocios de phone sex, strips clubs, etc. y, finalmente, no creo que haya mayor cantidad de turistas sexuales interesados en las dizque delicias de la pedofilia, el exotismo erótico, las bailarinas nudistas, que los que brinda Norteamérica con sus voyeurs, viejos rabos verdes y gente sexualmente obsesiva y de masculinidad hostil… pero ustedes están hablando sobre
mutilaciones genitales y novias en la Tierra de Hamas, novias núbiles de siete años… y yo les digo, puede que sea cierto o puede que sea falso que, cada año, tres millones de niñas musulmanas son objeto de mutilación genital. Que sea cierto me parece horrendo; pero, voy a decir cuál es la peor mutilación que en los EE.UU. y en Occidente se practica, la mutilación sicológica. La negligencia y el maltrato infantil. La prostitución temprana, utilizándola como materia prima para crear capitales».

«Occidente prostituye a sus mujeres. Tal vez no les hiere el clítoris, pero las orilla al menosprecio del varón. Por eso hay tantas lesbianas entre sus pueblos y ciudades y abundan divorciadas y adúlteras para quienes el sexo es una venganza, una aventura, suplicio de orgasmos fingidos, competencia de sexualidad enfermiza, todo menos placer y amor… Yo conozco a gente que jamás ha leído el Corán, mas desfiguran las enseñanzas. Malinterpretan sus símbolos. Los judíos me comentan sobre una cautiva, Reihana, la judía a quien Mahoma amaba; pero no pueden decir más. No leen el Corán; pero, sí leen que el profeta tenía aún, a los 53 años, la resistencia sexual de treinta hombres. Hablar de Mahoma es su chiste. Su ideal semita de masculinidad… Los enemigos del Islam, cristianos neoevangélicos, me han comentado el caso de Aisha, esposa favorita de Mahoma. Hija de Abu Bakr, el mejor amigo del Profeta y su más fiel seguidor, ¿y qué con
Aisha? Que el profeta, cuando ella cumplió seis años, se la pidió a Abu Bakr en matrimonio… En Norteamérica en particular y en Occidente en general, en situación similar, lo que el viejo rabo verde haría es que violar la niña con engaño y, si se descubriera el secreto, cuánto la chantajea para que no diga nada, vendrá la tragedia. Se matará al ultrajador y a la niña por dejarse tocar, a ella que no tiene culpa».

«Con el tiempo, la niña se enmalece, pierde su dulzura. Será la que venda sus fotos en la internet para ganar dinero. O haga porno movies. Se dedicará a la prostitución, una vez pasa por trastornos post-traumáticos… Mahoma sabía sobre cómo seducir, no lastimar, sabía esperar y adorar un cuerpo, así como Gandhi. Eran tántricos… Aunque ahora hay putas de gusto declarado, sin pudor. Vedettes de la cama, gente que pone precio al orgasmo y es exhibicionista, que va a los show de TV a jactarse de sus lujurias… Cuando Mahoma se casó con Aisha, él dejó que la niña sea niña, que crezca y ella llevó sus juguetes, incluyendo sus muñecas, a su nueva tienda… Así recuerdo yo a mi esposa. Una niña de diez años… y, como Mahoma, confieso que he fantaseado con su hermosura y el día en que pueda quererla, no ya como a una hermana, seré dichoso yconoceré la satisfacción bendita de mi sensualidad».

Al Mudo Suizo, dechado de Nobleza, al fin, le dio con abrir la boca. Comenzó a reirse idiotamente hasta que dijo: «¿Entonces, es usted virgen?» Las carcajadas incomodaban a otros clientes de la cafetería. «Lo soy y no me es vergüenza», dijo el estudiante. El suizo apuntó que, tras no creer tal afirmación, si de veras es masculino, árabe digno de llamarse tal, «o miente, o tiene quien le dé sexo, sea varón o hembra». Para él, no se puede sobrevivir sin sexo y el estudiante casto lo escuchó, viéndolo cada vez más impertinente. Lo clasificó como homosexual latente.

«Usted, perdone, pero no habla como un árabe, sino como un mariconazo».

«Se equivoca y me ofende».

Ahora sí le pidió a los dos una disculpa. Entiende que fue alevosamente que Dorothy le dio una patada por el culo. Su marido se quedó inmutable, con una sonrisilla misteriosa. Quien llama a los islámicos invasores, a Afîl Ahmad lo devalúa con la variedad polisémica de epítetos en torno a la mariconería. Dorothy calla.

«He sido respetuoso. Le he dado mi tiempo. Le he tratado como amigos. Quiero que me pidan una disculpa por las ofensas que les escucho… sino de aquí no salen vivos».

«¿Es una amenaza?»

«Lo que usted quiera que sea».

«¡Este árabe nos amenaza de muerte!», gritó la mujer. Echó a sonar la alarma, diciendo que son americanos. Turistas americanos. Vio cuando el jovenzuelo se levantó como rayo y se puso en guardia.

«Que sea de pie la disculpa. La espero».

All, otros comensales, los menos prepararon las cámaras de vídeo. La mayoría buscó dentro de sus bultos sus llaves, o dinero, «a pagar pronto y a correr». Sucedió en cuestión de segundos. Advino esta atmósfera mala: Aquí arderá Troya.

Se cansaba de esperar. No había disculpa.

El joven Casto no está armado. Y aquella voz de «nos amenaza de muerte» se extiende como tormentoso aire. La iracundia. La gerencia avisó a la policía. No hizo caso omiso al primer grito de auxilio: «¡Se nos amenaza de muerte!» Por su parte, Afîl Ahmad ha gritado en árabe, levantando sus manos al imaginario Cielo: «Será Allah Quien me hará justicia». Fue lo que quiso decir, aunque usó las palabras equivocadas porque el Suizo dudaba de su hombría.

El Suizo observó que Afî bajó desordenadamente sus manos y las introdujo bajo su túnica de algodón o thawb. Buscaba, en realidad, la billetera para pagar e irse, porque probó de la taza de café servido y comió el khobz’ sin levadura. Fue y pagó. Se regresó a la mesa. El ofensor ya tenía en el bolsillo una pistola que sacó de un bolso de turista, donde tenía hasta su cámara fotográfica. Lo observa cómo alza las manos otra vez. Se ajusta el ‘ghutra’ en su cabeza. Mas el ofensor piensa que busca un arma escondida bajo el pañuelo. No le dio tiempo a despedirse ni bajar las manos, haya sido inocente lo que estuvo haciendo. Le pegó un tiro a quemarropa, coreando con Dorothy: «Un terrorista nos amenaza de muerte».

Derrumbado al pie de la mesa, está el cadáver del temido terrorista.

09-02-2009 / «Leyendas históricas»

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

Dejar un comentario