¿Somos todos iguales?

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EL CRISOL    –    Pascual Mogica Costa

                   

     La Constitución Española en su capítulo segundo, que habla sobre los derechos y libertades, dice en su artículo catorce: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Dicho esto, voy a comparar algunos casos en los que en mi opinión se pone de manifiesto que una cosa es la que dice nuestra Constitución y otra muy distinta él como la interpretan aquellos que dependiendo de la Administración de Justicia son los encargados de hacerlo.

    Diez de junio de 1996, el Gobierno de Aznar nombra presidente de Tabacalera a César Alierta.  1997 Alierta, junto con su mujer y un sobrino suyo ganó con la compra de acciones de Tabacalera más de 300 millones de las antiguas pesetas. Como consecuencia de ello se sospechó de uso de información confidencial, ya que había comprado las acciones poco antes de que Tabacalera (desde 1999 Altadis) comprara la compañía de tabacos norteamericana Havatampa, lo que elevó el valor de las acciones. Alierta negó las acusaciones y una primera investigación del asunto se interrumpió en 1998 sin resultados. Nuevas pesquisas finalizaron en 2005 con el archivo del caso por parte de la Audiencia Provincial de Madrid. En junio de 2007, el Tribunal Supremo anuló la decisión de la Audiencia Provincial, ratificando la presencia de indicios delictivos. Por ello César Alierta fue nuevamente juzgado el 14 de abril de 2009 por la Audiencia Provincial de Madrid. Finalmente, la Audiencia Provincial de Madrid, según la sentencia dictada el 17 de julio de 2009, consideró probado que el delito de información privilegiada fue cometido y que entre Alierta y su sobrino “existió” un “concierto común” para sacar un “provecho económico” mediante el acopio de un considerable número de acciones de Tabacalera”, No obstante, absolvió a ambos, de la acusación de utilización de información privilegiada por el “caso Tabacalera” al aceptar la prescripción del delito. El juicio oral se celebró los pasados 14, 16, 21 y 22 de abril de 2009 por el tribunal de la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Madrid, presidido por la magistrada Manuela Carmena.

     El 28 de diciembre de 2010 leo en el diario Información de Alicante, que la Sala Segunda de la Audiencia Provincial de Castellón presidida por la magistrada Eloísa Gómez, dictó un auto por el que acuerda el cierre de las investigaciones de los supuestos fraudes fiscales cometidos por el popular Carlos Fabra, presidente de la Diputación Provincial de Castellón, entre 2000 y 2003. El tribunal declaraba prescritos cuatro de los cinco delitos fiscales que presuntamente habría cometido Carlos Fabra. Una vez más la prescripción “absuelve” a políticos y personas afines al Partido Popular.

      No corrió la misma “suerte” Mariano Rubio, nombrado gobernador del Banco de España por el Gobierno de Felipe González. Mariano Rubio fue acusado en 1994 por la juez del caso Iberpcorp, María Paz Redondo Gil, por tráfico de influencias, revelación de secretos y estafa como consecuencia de la venta de unas acciones de Sistemas Financieros, que al parecer ocasionaron pérdidas que no beneficios por su venta, por lo cual fue condenado a pena de prisión. Ingresó en prisión el 5 de mayo de 1996, de la que saldría bajo fianza. En este caso la justicia “cumplió” los plazos muy ágilmente y Mariano Rubio no gozó de ese mismo derecho, a ser “igual ante la ley”, que sí han tenido otros.

     No me voy a extender en recordar el caso Naseiro, que fue cerrado por un defecto de forma. Un defecto procedimental que salvó a Eduardo Zaplana. O sea, que cuando no hay prescripción, hay “defectos de forma”

     De todo lo expuesto, de mis reflexiones, saco dos conclusiones: La primera es que tengo mis dudas sobre si es verdad lo que dice el artículo 14 de la Constitución de que “los españoles son iguales ante la ley” y la segunda que al parecer no gozan del mismo trato, es una apreciación mía sin ningún tipo de afirmación, de que las cosas te pueden salir bien o mal según te relaciones con la derecha o con la izquierda.

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